Mar, promontorios, selvas, lagos y ríos sobre una paleta verde y azul. No es difícil entender por qué Río de Janeiro tiene el sobrenombre de Cidade Maravilhosa: no hay más que mirarla desde lo alto, desde la colina del Cristo Redentor o desde la del Pan de Azúcar. Y en 2016, a los excitantes ritmos y colores de la metrópolis se añaden las Olimpiadas, del 5 al 21 de agosto. Una oportunidad más para considerar esta ciudad la meta del año, para descubrir los lugares de los Juegos, antes y después del evento.

"Las exuberantes colinas cuentan con muchos recorridos de senderismo que llevan hasta alturas como el Tijuca Mirim, desde donde disfrutar de panoramas únicos de la ciudad, y a lo largo del recorrido es frecuente encontrar monos y miles de loritos."

Pan de Azúcar: escalada

Algunos de los símbolos más famosos de Río son también puntos preferidos por escaladores: entre el Pão de Açúcar (Pan de Azúcar) y el cercano barrio de Urca se cuentan alrededor de trescientas vías equipadas de dificultad media. Mientras que el Corcovado, la colina sobre la que surge el Cristo Redentor, tiene una línea larga y más difícil, para escaladores más expertos. Hay otras rocas paras escalar en la selva de Tijuca, con vías de dificultad media. Sea cual sea tu nivel, el viaje vale la pena solo por escalar estas paredes y mirar desde lo alto la ciudad que se extiende hasta donde se pierde la vista, entre el mar y las montañas.

Barra da Tijuca

La gran zona al oeste de Río recibirá en sus estructuras las competiciones de baloncesto, gimnasia, natación, boxeo, artes marciales y ciclismo. Pero toda el área es el pulmón verde de Río, con la selva de Tijuca en el centro, un parque nacional protegido por 4000 hectáreas y considerado por los cariocas el paraíso de los deportes. La playa de Prainha, poco visitada por los turistas, es un oasis de descanso alejado del caos urbano y con olas muy apreciadas por los surfistas.

Copacabana e Ipanema

En el corazón de Río se disputarán las competiciones de voleibol playa, triatlón y vela, además pasará por allí el recorrido del maratón. Las playas más famosas del mundo, Copacabana e Ipanema, son el centro de la movida carioca tanto de día como de noche, dos momentos que en realidad los brasileños no viven de manera muy diferente. Siempre hay alguien haciendo ejercicio en los aparatos dispuestos a lo largo del paseo, o jugando a voleibol o a fútbol en la suave arena incluso bien entrada la noche, como también hay siempre alguien comiendo churrasco o bebiendo agua de coco. Lo ideal es recorrer en bicicleta los siete kilómetros de litoral de una punta a la otra, deteniéndose donde uno se sienta más inspirado. Si Copacabana es preferible para el relax, la playa de Ipanema, con olas largas y fondo dulce, es la meta de los surfistas, incluso de los principiantes. Y la retícula de calles adyacentes a la orilla es el centro de la vida nocturna carioca.

Lagoa Rodrigo de Freitas

En Río de Janeiro hay también un lago, o mejor, una laguna, donde se celebrarán las competiciones de piragüismo. La Lagoa es uno de los lugares más sorprendentes de la ciudad, ideal para las familias (se pueden alquilar patines de agua y kayak y remar sin aglomeraciones alrededor); también es el lugar perfecto para dedicarse intensivamente al deporte con sus cinco kilómetros de pistas para corredores y ciclistas, campos de baloncesto, voleibol, beisbol y fútbol. A lo largo de todo el paseo que rodea el lago hay áreas para fiestas y locales, restaurantes y bares para aperitivos.

Maracanã y alrededores

Al norte de la ciudad, entre el barrio de Deodoro y la zona de Maracanã, se concentran los estadios y edificios donde se celebrarán los encuentros de fútbol, atletismo, baloncesto, waterpolo, balonmano, rugby y equitación, así como el maratón y las ceremonias. El estadio Maracanã es una etapa obligatoria, te guste o no te guste el fútbol: aquí se manifiesta una parte fundamental de la cultura brasileña, de los partidos del campeonato carioca (es bastante fácil y económico encontrar sitio) al Museo del Deporte. Lo mismo sucede con el cercano Sambódromo, punto de inicio y llegada del maratón: una estructura de 700 m de largo, proyectada por el arquitecto Oscar Niemeyer, que para los cariocas es algo así como un templo religioso porque es donde se celebra el momento brasileño por excelencia, el Carnaval. En los alrededores se extienden los barrios emergentes y alternativos de Santa Teresa y Lapa, con sus mercadillos, sus tiendecillas de artesanía y de diseño, el museo de Arte Moderno y las churrasquerías populares.

1 of 4