De Austria a Alemania, pasando por Italia y Francia, la tradicional cita con los mercadillos de Navidad llega puntual año tras año. A partir de la última semana de noviembre y hasta finales de diciembre (en algunos casos hasta el 6 de enero), se pueden visitar estos maravillosos espacios de artesanía local e intenso espíritu navideño. Vamos a descubrir sus orígenes y a curiosear un poco en algunos de ellos.

"Uno de los mercadillos franceses más famosos es el de Estrasburgo, famoso por las sugestivas iluminaciones y los adornos navideños."

Los orígenes de los mercadillos

Las primeras voces relacionadas con un mercadillo de Navidad en una localidad indefinida entre Alemania y Alsacia datan del siglo XIV. No obstante, la primera noticia oficial está en un documento de 1434 donde se recoge la presencia en Dresden del Striezelmarkt (mercado de los Striezel, un pan navideño). Desde entonces existen muchísimos.

En Austria, entre fábulas y notas musicales

En Innsbruck, entre las callejas medievales del centro histórico, se respira la magia de las fábulas. Vagando entre los tenderetes de productos locales, es fácil encontrarse con los personajes de 24 fábulas y adentrarse con ellos en un mundo encantado; no te extrañes si ves la larga trenza rubia de Rapunzel cayendo desde una ventana o te topas con personajes enormes y aterradores en el callejón de los Gigantes. En cambio en Salzsburgo, en el patio del castillo de Hellbrunn, en uno de los mercados más antiguos de la ciudad, podrás dar un paseo en un trineo tirado por renos, acunado por las notas de Mozart, que hacen que el ambiente sea todavía más especial.

De las tradiciones del Alto Adige a los pesebres napolitanos

Embriagados por el aroma de las galletas especiadas, en las plazas de Bolzano, en lo que los habitantes llaman con cariño el “mercadillo alternativo” se pasa de los tenderetes de productos locales (como las imprescindibles pantuflas rigurosamente de fieltro) a los de los artistas que exponen sus obras de cerámica, cristal o metal. Para los amantes de los pesebres, es de rigor una parada en Nápoles, donde esta actividad es un verdadero arte, a mitad entre lo sagrado y lo profano; en los talleres podéis encontrar de todo, de las clásicas figuritas a las caricaturas de personajes famosos, si lo que queréis es un pesebre insólito e irreverente.

De paseo por los mercadillos alemanes más antiguos

El mercadillo de Dresden, el Striezelmarkt, toma su nombre del típico pan navideño preparado con harina, manteca, frutos secos y fruta confitada, llamado Striezel. La ceremonia de inauguración se abre con el corte de una rebanada de este pan preparado para la ocasión en formato gigante. Tampoco faltan los productos típicos de la artesanía alemana, sobre todo las cerámicas y los juguetes hechos a mano. La “pequeña ciudad de madera y tela” de Núremberg debe su nombre a las típicas decoraciones de paño negro y rojo de las casitas. Se pueden también comprar productos gastronómicos típicos, como las famosas salchichas y los “hombrecitos de ciruela”, figuras realizadas totalmente con esta fruta.

De las especias alsacianas a las provenzales

Uno de los mercadillos franceses más famosos es el de Estrasburgo, famoso por las sugestivas iluminaciones y los adornos navideños. De hecho, parece ser que es alsaciana la tradición de decorar los árboles durante la Navidad, como testifican algunas crónicas del siglo XVII donde se narra la tradición de colgar dulces, manzanas y flores de papel de los abetos. En Marsella, artesanos y artistas se citan cada año cerca del Vieux Port; entre zancudos y malabaristas, es posible surtirse del famoso jabón fabricado exclusivamente a base de productos naturales, agua, sosa y aceite de oliva cuya fabricación se remonta al siglo XII.

Credits photo: OLYCOM/Mondadori Portfolio

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