Una isla magnética, casi surrealista, la más antigua y tranquila de las Canarias: Lanzarote es un regalo para los ojos con sus acantilados y paisajes lunares en contraposición a sus campos de cultivos. Un destino lleno de bellezas naturales, pero también de muchísimas excelencias artesanales y enogastronómicas, capaces de satisfacer todos los gustos. Al bajar del barco, perdeos entre mercadillos y bodegas, en busca del recuerdo que haga inolvidables unas vacaciones especiales.

"Tampoco os podéis perder el mercado en Haria, la ciudad de las palmeras; también los sábados, y hasta las 14:30 en la sugestiva rambla que sale de la iglesia del pueblo."

La isla volcánica de la piedra de lava

Lanzarote cuenta con unos 140 volcanes, ríos de lava petrificados y gravilla negra. Es imprescindible una visita al Parque nacional de Timanfaya (las Montañas del Fuego): una sucesión de coladas de lava, profundas calderas y colinas creadas por las erupciones volcánicas. De estos fenómenos naturales justamente deriva la materia prima para los abalorios de piedra de lava y piedra verde Olivina, típicos de la isla. Se utilizan para collares, pulseras y pendientes de piedras negras y verdes (que pueden alternarse con detalles de plata); estos minerales se encuentran en su estado natural en muchos mercadillos locales.

Recuerdos con mucho gusto

La Gería se queda grabada en el corazón; se trata de un paisaje lleno de vides que los agricultores cultivan con un ingenioso método. Las plantas se colocan en conos de picón, una gravilla volcánica que mantiene la humedad, y protegidas por zocos, muros de piedra seca lineares o semicirculares. Una etapa en esta región de la isla es obligada: aquí están las bodegas más visitadas de Lanzarote, donde probar la malvasía en versión seca, semidulce y dulce, o envejecida en barriles; o los tintos corposos producidos con las uvas Listán Negro y Negramoll, todos ellos vinos protegidos por la Denominación de Origen Lanzarote. Entre estas se encuentra la más antigua de Canarias y famosa en el mundo entero, El Grifo, fundada en 1775 y ubicada cerca de San Bartolomé, en la zona central de la isla: encontraréis también un museo del vino e incluso podréis degustar el Canarí, el vino de pasas tradicional. ¿Y si durante la excursión queréis matar al gusanillo? Es el momento ideal para parar un momento y probar el mojo, una salsa típica de las Canarias a base de aceite de oliva, ajo, sal y vinagre; también se puede añadir comino, cilantro, perejil, pimentón, tomate y azafrán. Si os gusta podréis llevaros a casa un bote como regalito, ¡un sabroso recuerdo de las vacaciones! En cambio, en la isla, es muy posible que la probéis como acompañamiento de las clásicas papas arrugadas, patatas hervidas en agua salada y servidas con la piel.

De compras por los mercadillos

La búsqueda del regalo perfecto continúa en los mercadillos, donde se hace difícil elegir: el domingo se celebra el mercadillo más popular de Lanzarote, el de Teguise, la ciudad más antigua de la isla. Un variopinto conjunto de tenderetes donde encontrar piezas únicas de cerámica o productos de belleza a base de áloe vera, típicos del lugar. En cambio, el sábado le toca el turno al Mercadillo de Arrecife, que se celebra entre delicias locales enogastronómicas y ropa. Tampoco os podéis perder el mercado en Haria, la ciudad de las palmeras; también los sábados, y hasta las 14:30 en la sugestiva rambla que sale de la iglesia del pueblo. En los tenderetes se vende, sobre todo, la fruta y verdura fresca de los campesinos; productos de agricultura ecológica como huevos, miel y vino, quesos de cabra locales, pan cocido en los hornos de leña; además de cuadros, objetos de diverso tipo, ropa hecha a mano, joyas… todo ello realizado por artesanos y artistas locales. ¿Listos para una etapa en Lanzarote? Sus recuerdos nos ayudarán a revivir en casa los magnéticos paisajes de lava; su magia y sus matices, tan naturales como inolvidables.