Activa, sensual y llena de contrastes, Buenos Aires es una de las ciudades más excitantes del mundo. Sobre todo por los tres pilares que sostienen su cultura popular más auténtica: el fútbol, el tango y la carne. Son tres pasiones que unen a los porteños (así se llaman sus habitantes) y que conquistan a los visitantes, tres hilos rojos a seguir para entender mejor la ciudad.

"En Buenos Aires el sonido del bandoneon (el instrumento príncipe, similar a un acordeón) suena en cualquier hogar o local y existen incluso dos periódicos dedicados exclusivamente al tango."

Fútbol, pasión infinita

El Albiceleste, o sea la camiseta blanco/celeste de la nacional argentina, se vive como una religión y Diego Armando Maradona es su profeta. El número 10 (aquí llamado “ElDiez” o, con un juego literario que dice mucho, “D10s”) llevado en la espalda es parte integrante del vestuario ciudadano desde la victoria en el Mundial del 1986. Buenos Aires está considerada como la cuna de los aficionados de este deporte y emana fútbol por todos los barrios, un fervor hecho de banderas de los clubes, gadgets, murales, charlas en el bar, campos de hierba, tierra o asfalto. Se cuentan 13 equipos en el área metropolitana y otros 17 en la provincia. Además de la casa donde nació Maradona en el barrio de Villa Fiorito y de los parques de Palermo donde se pueden ver partidillos de gran calidad técnica jugados por personas comunes, los dos tótems de la cultura futbolística porteña son los estadios de los equipos con más títulos, el gigantesco Monumental (en la zona de Belgrano) donde juega el River Plate, el equipo más “burgués”, y la Bombonera, la casa del más popular Boca Juniors, que se jacta de ser el club con más títulos del mundo. Vale realmente la pena entrar en el pintoresco barrio del Boca, donde los chicos juegan al fútbol en los patios, y visitar el “templo” amarillo y azul que se levanta justo en medio de las casas, dejándose impresionar por sus empinadas gradas. También es fascinante el Museo de la Pasión Boquense, dentro del estadio, con reliquias e historias de las gloriosas empresas del club.

La carne y el ritual del asado

Que la carne argentina es la mejor del mundo no son sólo los argentinos los que lo dicen. Las ilimitadas pampas, donde la presencia del hombre está severamente regulada (pueden entrar casi sólo y exclusivamente los gauchos a caballo), ofrecen un hábitat fantástico a los millones de vacas (cada vaca dispone de 10.000 m2 de tierra), que pacen desde las llanuras preandinas hasta la periferia de Buenos Aires alimentándose con comida natural al 100%. Esto significa cortes de carne abundantes, de consistencia única y de sabor excepcional, pero también con elevadas propiedades nutricionales, con un máximo de 2,8 g de grasas totales sobre una porción de 100 gramos. Las razas más buenas son la Aberdeen Angus y la Hereford y un viaje a Argentina no puede prescindir de una degustación de asado, la carne a la parrilla, una preparación en la que los argentinos son auténticos artistas. Los secretos son: utilizar el espetón en cruz (la cruz) y la madera de roble, masajear la pieza con sal gruesa, cocer bien sin dejarla poco hecha y aliñar con salsa chimichurri (aceite, vinagre, sal, pimienta, orégano, perejil y laurel).

Tango, amor que consume

El tercer “producto doc de exportación” es el tango. Para los porteños es una de las máximas expresiones de su cultura, llena de sensualidad, poesía melancólica, pasión, machismo y decadencia. Pero el tango ha generado también una forma de vestir, de sentir, de comunicar (los textos de las canciones utilizan el lunfardo, una jerga que nació a principios del siglo XX de los emigrantes italianos), al punto que en el 2009 este baile se ha convertido en Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco. En Buenos Aires el sonido del bandoneon (el instrumento príncipe, similar a un acordeón) suena en cualquier hogar o local y existen incluso dos periódicos dedicados exclusivamente al tango, El Tangauta y La Milonga Argentina, gracias a los cuales es posible obtener informaciones sobre veladas, cursos o concursos. Aunque es divertido entrar en un salón de baile para aprender los rudimentos y se recomienda asistir a una velada con cena y espectáculo en los barrios de Almagro, San Telmo o Palermo, la experiencia más bonita es la del tango callejero, por las calles, donde apreciar a las parejas de tangueros que bailan. Se va de las exhibiciones más oficiales de Calle Florida a las más auténticas de Abasto y Boedo, pasando por El Caminito en el barrio de La Boca y Plaga Dorrego en San Telmo. Una velada a base de tango es la mejor forma para vivir en directo las emociones que sólo Buenos Aires sabe ofrecer.

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