El flamenco es arte, energía y sentimiento: un baile lleno de pasión, una danza de origen gitano, típica de la tradición española, que une el cante a la música de la guitarra, a veces acompañado de las castañuelas y del baile. Está compuesto por movimientos plásticos del busto, taconazos y mucha expresividad. Su calor y su intensidad han conquistado el mundo, gracias al latido del corazón de su tierra natal, Andalucía. Entre las ciudades donde más se vive esta antigua tradición se cuentan Granada, donde se escucharon las primeras palmas; Sevilla, la capital del baile; y Málaga, donde la danza y la vida caminan de la mano. Justamente en estos lugares mágicos, durante vuestro crucero, podréis aventuraros para descubrir los orígenes del flamenco y vivir en primera persona una experiencia folclórica inolvidable.

"Más allá de la técnica y talento de los intérpretes, la pasión es el elemento central, que hace de él un espectáculo único."

De las cuevas a los cafés

El flamenco brota del calor y la pasión del sur de España, una tierra donde todo se vive y se siente con mucha intensidad. Junto a otras ciudades andaluzas, Granada es una de las cunas de este baile, que según una leyenda se originó en Granada, en las cuevas del Sacromonte, la colina que domina la ciudad: allí, en el siglo XV se asentaron los gitanos que se habían visto obligados a dejar el centro, reinterpretaron las tradiciones moriscas y hebreas y codificaron esta forma de arte pasional y sensual.

El término “flamenco” indicaba justamente a los gitanos andaluces y empezó a difundirse cuando, a finales del siglo XIX, los intérpretes salieron de los barrios populares de las ciudades del sur y entraron en los cafés cantantes (los bares de moda en aquella época, donde se celebraban conciertos y espectáculos de variedades) de toda España. Una de las voces más importantes de la época, y que acercó el flamenco a su forma actual, fue el sevillano Silverio Franconetti. En su café, reinventó el repertorio y lanzó a muchos artistas. De esta manera fueron definiéndose los palos (variantes del baile en función del área geográfica o de las características musicales): una alfombra sonora de arpegios de guitarra y taconeo (escobilla) que acompañan las estrofas del cante y del baile, articulados según esquemas rítmicos llamados compás. Hoy en día, el valor histórico del flamenco es tanto que ha entrado a formar parte del patrimonio cultural intangible de la Unesco.

El misterio del duende

Los espectáculos escenifican la experiencia humana en sus muchos aspectos: la vida y la muerte, la melancolía, el destino, el amor, la libertad. El flamenco es un lenguaje universal, hecho con rigor y creatividad, disciplina e improvisación. Pero, más allá de la técnica y talento de los intérpretes, la pasión es el elemento central, que hace de él un espectáculo único. Sus secretos residen en la intensidad del ritmo de la guitarra y en la compleja trama de las percusiones, construida con las palmas, los dedos sobre la caja de la guitarra, el chasquear de los dedos y, en ocasiones con las castañuelas. Pero también en la fuerza que transmiten los bailaores y la suavidad seductora de las bailaoras. Y, sobre todo, en el duende, la expresividad emotiva del artista, que tiene el deber de poner el alma en un puño, irradiar fascinación, evocar el misterio y sacar a la luz la magia hasta arrollar los sentidos del espectador.

Dónde vivir el flamenco

El Sacromonte de Granada es una meta de peregrinaje para los amantes del flamenco, que en las cuevas transformadas en locales pueden disfrutar de las celebraciones de zambra, el baile gitano original. Se trata de un palo que retoma las danzas moriscas (se llama también zambra mora) y manifiesta una fuerte sensualidad, tanto, que antiguamente incluso estaba prohibido: la bailarina danza descalza, con la falda cogida en la cadera y la camisa atada bajo el pecho para resaltar los movimientos del vientre. En Sevilla, en flamenco es más que un simple baile: es una manera de ser. Por las calles, en los locales o en las peñas flamencas (las asociaciones de los apasionados) se puede asistir a espectáculos de los palos andaluces más populares (como la complicada y alegre bulería) y del género típico de la ciudad, la sevillana. Es una danza popular que tiene unos orígenes diferentes a los del flamenco, de los cuales ha absorbido algunos elementos, tanto es así que en el siglo XVIII se “aflamencó”, esto es, que se englobó dentro de los géneros del flamenco; se baila en parejas en las celebraciones festivas. Para terminar, Málaga es la ciudad del flechazo: ya desde el barco es imposible no maravillarse con la vista del paseo marítimo y sus palmeras, de la Catedral, de la plaza de toros de la Malagueta, de la fortificación de la Alcazaba y la de Gibralfaro. Y la pasión no hace más que crecer en los tablaos (restaurantes con un palco para el espectáculo) del central barrio de El Palo, donde el flamenco, la cocina y la vida son una sola cosa. La fiesta flamenca por excelencia prevé una cena a base de marisco, pescado frito o gazpacho de almendras, mientras se escenifica la malagueña, el código típico de la ciudad: el cantaor lleva a cabo un canto solemne alargando los versos a voluntad y acompañado por una parte de guitarra muy compleja rítmicamente. El flamenco más auténtico se puede admirar en locales como el restaurante Vino Mio (Plaza de Jerónimo Cuervo, 2), en el hermoso edificio histórico del Liceo Flamenco (Calle Beatas, 21) o en el Kelipe Centro de Arte Flamenco (Calle Muro de Puerta Nueva, 10).

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