Incluso el Sol tiene su día: el 3 de mayo se rinde homenaje a la estrella que calienta nuestro planeta desde hace 4,5 millones de años. El Día del Sol, además de ser un canto a la energía limpia, es también una ocasión para recordar los muchos beneficios que la luz aporta a nuestro organismo. Desde la antigüedad, la helioterapia – o la ciencia que basa sus tratamientos en los efectos beneficiosos de la exposición del cuerpo al sol – es una práctica muy extendida en todo el mundo. Esto se debe a que, de acuerdo con la cultura popular, corroborada por estudios científicos, la luz del sol hace que nuestro cuerpo esté más sano; también desarrolla una importante acción para la mente y crea una sensación de serenidad.

"La estrella estimula el cerebro para que aumente la producción de serotonina, un neurotransmisor responsable de la sensación de felicidad y bienestar, así como de la activación de la musculatura lisa o los músculos involuntarios. "

Para aprovechar las ventajas de la acción beneficiosa de la luz no es necesario pasarse todo el día tumbado al sol como los lagartos: con veinte minutos de exposición al sol todos los días se puede mejorar enormemente el bienestar psicológico; también ayuda a prevenir ciertas enfermedades y desequilibrios. He aquí cómo la estrella madre de nuestro sistema solar actúa sobre nuestro cuerpo.

Más felices y con más energía

Después del letargo invernal y el alargamiento de los días en primavera, nos entran ganas de pasar más tiempo al aire libre para aprovechar al máximo las horas de luz. Y si en este periodo sentimos que aumenta nuestro buen humor no es casualidad: el Sol tiene algunos efectos positivos extraordinarios en nuestra mente. En concreto, la estrella estimula el cerebro para que aumente la producción de serotonina, un neurotransmisor responsable de la sensación de felicidad y bienestar, así como de la activación de la musculatura lisa o los músculos involuntarios. ¿El resultado? Más alegría y energía vital.

Una bendición para el cuerpo

Además de la relajación muscular y el aumento de la movilidad de las articulaciones, el efecto más visible del sol en el cuerpo lo podemos ver en la piel: los rayos del sol no sólo le dan un color más sano sino que, siempre y cuando nos expongamos a la luz en el horario adecuado y no nos pasemos, contribuye enormemente a calmar problemas dermatológicos como las psoriasis, el acné, el eccema… También el sistema respiratorio se beneficia gracias a la acción calmante del sol en el asma bronquial. A esto se suman los efectos positivos de la vitamina D, una sustancia esencial para el bienestar que se activa gracias al sol; esta combate el raquitismo y la osteoporosis y también es responsable del aumento de la libido y la capacidad reproductiva. No hay que olvidar tampoco los beneficios en el sistema sanguíneo (estimula la circulación y oxigena los tejidos), en el metabolismo (que se acelera) y en el ciclo de sueño-vigilia (que se reajusta).

Cómo exponerse al sol

Con la llegada del verano, es natural querer pasar más tiempo al aire libre y empezar a tomar un poco el sol. Aunque es bueno hacerlo, hay que seguir algunas reglas sencillas, para asegurarse un bronceado más duradero y evitar quemaduras desagradables y la aparición de enfermedades de la piel. En primer lugar, sería mejor tomar el sol durante todo el año, empezando en primavera, cuando la luz es menos fuerte, y hacerlo de una forma gradual pero constante, a ser posible con una media de 15 minutos al día los más jóvenes y 25 las personas mayores, en la franja horaria “más segura” (hasta las 11 y después de las 15). Aunque parece que el sol no quema como en verano, es recomendable protegerse con un protector solar específico para el tipo de piel que se tiene, para prevenir el fotoenvejecimiento de la epidermis y obtener un bronceado más uniforme. Por último, para evitar el riesgo de insolación y golpes de calor, recordad usar un sombrero o un pañuelo, y bebed con regularidad para reponer las sales y los minerales que se pierden sudando.

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