Roma es una ciudad que, además de visitar, hay que descubrir en la mesa. De hecho, sus platos nos hablan de una historia de pasiones y tradiciones que han pasado de generación en generación.  Así, podremos entrar de lleno y degustar cada una de las almas de esta ciudad. Cada plato en su zona. Seguidnos en este itinerario especial.
No os perdáis la ocasión de visitarla con nuestra excursión más larga: el Circo Máximo, el Coliseo y la Basílica de San Pedro.

Popular como la Carbonara

El espíritu de sus barrios más populares es sabroso y humeante: la Carbonara. De origen incierto, una de las historias más curiosas sitúa su nacimiento en una antigua fonda en 1944. La idea de este plato se debe a los ingredientes que llevaron algunos soldados americanos: panceta, huevos y queso. Con los años, la receta se ha ido perfeccionando y han nacido auténticas escuelas en torno a ella. Los más tradicionalistas afirman que solo deben usarse las yemas, la careta de cerdo, el queso pecorino romano, sal y pimienta. Las versiones más modernas aceptan la panceta, el huevo entero y el queso parmesano.

Tan clásico como el farro

Hace dos mil años, el farro era el alimento principal en la mesa de los romanos, de uso cotidiano entre soldados, nobles e incluso los gladiadores del Coliseo. También había un rito nupcial entorno a este producto que incluía este cereal, durante el que los novios debían partir una torta de farro para sellar su unión. En la actualidad, el farro se usa en una riquísima menestra: el “farricello”, un plato muy sabroso de tradición humilde, que se enriquece con tocino, cebolla y tomate.

Tan versátil como una alcachofa

Alcachofas a la judía, otro plato típico de la cocina romana que no os podéis perder. La base de esta receta es una crujiente fritura de alcachofas. Entre los secretos de este plato están la variedad de alcachofas elegida, redondas y sin espinas, y la cocción en una fuente de cerámica. La preparación se cree que nació en las antiguas fondas romanas, en la zona del gueto judío, en el característico barrio de Sant’Angelo.

Alegre como un suplí

Roma es una ciudad alegre y enérgica, igual que un suplí: una bola de arroz frita, empanada y rellena de queso fundido. Este plato se usa como entrante o primer plato y con varias variantes: con setas, carne picada con tomate e incluso tienen su versión “gourmet”.

Roma es una ciudad única, que os sorprenderá no solo por la cocina, sino además por sus muchas atracciones. No os perdáis la ocasión de visitarla con nuestra excursión más larga: el Circo Máximo, el Coliseo y la Basílica de San Pedro. Será solo el principio de vuestra aventura.