Cuando compramos té en una tienda o lo pedimos en una cafetería, solemos plantarnos ante una larga lista de nombres e indicaciones para esta bebida. Esto nos hace pensar que existen muchas plantas, cada una para un tipo de té, ¡pero no es así!

"El té es una bebida que se saborea o degusta con calma; por este motivo hay verdaderas escuelas de pensamiento sobre cómo tomar un té. "

La Camelia sinensis: al descubrimiento de la planta de té

La planta de té es única y exclusiva, lo que genera las sinuosas diferencias de los varios tipos de té es su método de elaboración. Esta antigua bebida China se remonta a hace 5000 años y proviene de la planta de la Camelia sinensis. Los orígenes de esta planta hay que buscarlos en el sur y el sureste asiático, aunque ahora ya se cultiva en todo el mundo; se trata de un arbusto que puede crecer hasta los dos metros de altura, de hojas de color verde claro con pequeñas flores. Pequeña curiosidad: una hoja fresca contiene alrededor de un 4 % de teína.

Cultivo y cosecha

En general, dependiendo del clima y de la geografía, las plantas del té tienen varias épocas de cosecha: en China, por ejemplo, la estación empieza en abril y termina en octubre, mientras que en otros lugares, como África, por ejemplo, la cosecha puede darse en varios momentos del año. Lo que se recoge y utiliza para el té son los brotes más tiernos (con las hojas todavía cerradas) y las siguientes dos hojas por debajo, de las que se obtiene la mejor calidad de té. De la cosecha de las demás hojas, esto es la tercera, la cuarta y la quinta, se obtiene una variedad menos apreciada. Lo más sorprendente es que prácticamente en todas partes la cosecha de las hojas se hace a mano, incluso en campos donde todo lo demás está mecanizado y automatizado. La vida media de una planta de té es de unos treinta o cuarenta años, pero se han hallado plantas de té salvajes con una edad y una vida productiva de más de cien años.

El té en Occidente: cómo ha llegado y cómo se toma

No se sabe con certeza si fueron los holandeses o los portugueses quienes trajeron el té a Europa, pero sabemos que este evento se dio en el siglo XVII. En un principio, el té se consideraba una bebida para ricos y nobles; se difundió entre los salones de París gracias a Madame Marguerite de la Sablière, que lo servía a sus invitados, mientras que Luís XIV elogiaba sus propiedades terapéuticas. También en Gran Bretaña, donde rápidamente el té había de convertirse en una bebida imprescindible, las señoras de la casa (y no el servicio) tenían el deber y honor de preparar el té para sus huéspedes. La preciada costumbre británica de la hora del té se remonta al siglo XIX, cuando las comidas del día eran dos principalmente, desayuno y cena. Al parecer una tarde, la duquesa Anna de Bedford tuvo la brillante idea de matar el gusanillo con un té y unos dulces instituyendo de este modo un rito que, con los años, había de volverse muy popular.

Las reglas del té en Occidente

El té es una bebida que se saborea o degusta con calma; por este motivo hay verdaderas escuelas de pensamiento sobre cómo tomar un té. Sin salir de occidente, la etiqueta exige que el té de la tarde se tome de 15.30 a 17.30 y que se sirva exclusivamente té en hojas. Debe prepararse una tetera abundante de agua hirviendo y dejar infusionar las hojas en la medida “one for each, one for the pot”, esto es, una cucharadita para cada persona y otra para la tetera (por si alguien quiere repetir), durante tres a cinco minutos. La costumbre de añadir al té leche o limón deriva del miedo a que el calor del agua pudiera arruinar la porcelana de las refinadas tazas, además de la necesidad de esconder el regusto un poco ácido que las hojas de té podian desarrollar después de los largos viajes antes de llegar a su destino.

Las reglas del té en Oriente

En el transcurso de los siglos, el té ha inspirado leyendas, creado escuelas y ha sido la moneda de pago y de intercambio. Cha no yu es el nombre con que se designa en Japón a la ceremonia del té, en la que se refleja la gracia del zen y del taoísmo, haciendo de fundador de otras escuelas de preparación de este ritual. En un principio, el té se preparaba con agua caliente, piel de naranja, jengibre, leche e incluso cebolla. Con el paso de los años se han sucedido tres técnicas de preparación: la del té hervido, la del té revuelto y finalmente la de la infusión de té, que prevalece actualmente. La tetera y las tazas cambian en función de la época, igual que el lugar donde se colocan, las cucharillas y los utensilios utilizados, o el tipo de flores de la habitación. La habitación del té es siempre pequeña y minimalista y se accede a ella a través de una pequeña puerta, para pasar por la cual casi hay que doblarse, en señal de humildad. La luz está filtrada, hay una pequeña composición de ikebana en su interior y los comensales siguen un ritual preciso para beber el té. Primero son invitados a comer el dulce, a continuación, uno tras otro, los huéspedes beben el té a sorbos pequeños y limpian sus tazas, luego observa atentamente los utensilios (tazas y cucharillas) utilizados, para terminar, el huésped puede si lo desea recitar un haiku (típica poesía japonesa compuesta solo por tres versos). El que acabamos de describir es un ritual muy sencillo, pero hay otras muchas posibilidades de declinar aquello a lo que los japoneses se refieren con un verbo que no significa “tomar el té”, sino “celebrar el té”.

Bebamos una taza de té

Al final de este excursus apetece una buena taza de té: negro para recuperar la energía, verde para depurarse, aromatizado para mimarse, blanco para meditar.

Credits foto: MONDADORI PORTFOLIO/AGE

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