El primer plato es inolvidable: Trieste acoge a los cruceristas con la soberbia vista de la plaza Unità d’Italia, la plaza que se asoma al mar más grande de Europa, un elegante salón a cielo abierto que anuncia la atmósfera alegre y cosmopolita de la ciudad. Trieste tiene un carácter único, un caleidoscopio de estilos y culturas que sacude la imaginación; y que también en la mesa se convierte en un viaje lleno de sorpresas y emociones.

"Una especialidad imprescindible son los sardoni in savòr, boquerones fritos y marinados con vinagre y cebolla, que se dejan reposar en la nevera durante un par de días. "

Centro comercial de tradición muy antigua, Trieste ha jugado a lo largo de los siglos el papel de encrucijada entre Italia y los Balcanes, entre el mundo mediterráneo y el centroeuropeo. Su tradición gastronómica es el espejo de esta extraordinaria variedad de influencias: aquí se encuentran y se funden sabores e ingredientes procedentes de las tierras de los pueblos eslavos, de Austria, Hungría, de los campos y los montes del interior. A ellos añadieron notas peculiares las comunidades, sobre todo la griega y la hebrea, que en los años pasados se asentaron en esta ciudad atraídas por el tráfico portuario. Los platos típicos se convirtieron así en un mapa del gusto a través del cual descubrir Trieste en todas sus facetas y contaminaciones. Aquí están las exquisiteces entre las que podréis elegir para hacer que vuestra visita a la ciudad sea aún más agradable.

Primeros platos

Un recorrido entre los primeros platos más representativos de la cocina de Trieste no puede sino empezar por la jota, una menestra de origen esloveno preparada con chucrut, patatas, judías y carne de cerdo (corteza, costilla u otras partes). Luego se pasa al brodeto, una exquisita sopa de pescado con peces pequeños fritos (minudaia) sumergidos en salsa de tomate, moluscos y marisco, en especial las galeras o cigalas.

Se regresa a tierra firme con los platos pobres, pero no por ello menos sabrosos: los que son a base de arroz (especialmente el risi e bisi, con guisantes) y la variedad de ñoquis preparados con hígado o ciruelas secas o, en la variante más clásica, a base de pan seco (los gnochi de pan) aderezados de varias maneras: mantequilla y salvia, salsa de tomate, salsa de asado.

Para probar estas delicias como manda la tradición, no hay mejor lugar que los bufetes, los bares de comidas “tavola calda”, típicos de la ciudad, donde igual se puede tomar un pica-pica rápido como una comida sustanciosa. Por ejemplo, En Siora Rosa (en la plaza Attilio Hortis, 3), nunca faltan la jota y los ñoquis de pan y ciruelas, además de otras muchas delicias de Trieste.

Segundos platos

También los platos principales se debaten entre la tradición marinera, de influencia de Dalmacia e Istria, y los lazos con el interior y el mundo eslavo. El pescado, desde la lubina hasta el bacalao, se come sobre todo asado al horno en varias recetas enriquecidas con especias y marisco. Una especialidad imprescindible son los sardoni in savòr, boquerones fritos y marinados con vinagre y cebolla, que se dejan reposar en la nevera durante un par de días. Un lugar aconsejable es la Osteria de Scarpon (en via della Ginnastica, 20), donde el pescado fresco se prepara de una manera muy sencilla y genuina.

Los platos de carne recuerdan inmediatamente por su nombre su origen: los cevapcici son sabrosas albóndigas muy populares en los Balcanes, el gulasch es la famosa sopa húngara preparada con carne de buey, patatas y pimentón, que en Trieste es tan propia como en el este de Europa. La meca de los amantes de la carne es el bufet Da Pepi (en via Cassa di Risparmio, 3), una auténtica institución en la ciudad, sobre todo por su bollito di maiale (cocido de cerdo).

Los postres

Para los cruceristas más golosos, la oferta de los dulces es variopinta y refinada, y también en este caso recibe decididamente la influencia austrohúngara. El dulce más famoso es el presnitz, una pasta hojaldrada enrollada y rellena de frutos secos (nueces, almendras, piñones), pasas y ron, a la que también pueden añadirse ciruelas, albaricoques y especias como la canela: una explosión de sabores para degustar uno por uno.

Para terminar, el café

Las cafeterías son un elemento fundamental de la vida de los triestinos, y una visita a la ciudad no está completa sin una parada en uno de los muchos cafés históricos, antiguamente frecuentados por hombres de cultura y literatos de la talla de Svevo, Joyce y muchos otros. Trieste es uno de los centros mundiales más importantes del mercado de los granos negros y se enorgullece de ofrecer uno de los mejores cafés que se pueden degustar en Italia. En virtud de esta gran cultura en la materia, la ciudad ha desarrollado un vocabulario propio referente al café: así que, no lo olvidéis, si queréis pedir un clásico expreso en taza, pedid un nero.

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