Anuncia los buenos días con el carácter auténtico de las cosas de antaño: sano y capaz de dar energía, para muchos es un alimento imprescindible. Pero el pan es mucho más que eso, porque constituye una unión profunda con nuestra memoria emocional. Tanto es así que, al percibir este inconfundible olor, no podemos no pensar en los dulces momentos de relax, como las vacaciones: cuando por la mañana, nos dedicamos un desayuno reposado, abundante, goloso y lleno de manjares, apreciando completamente este valioso alimento. O bien cuando, de viaje y descubriendo nuevos destinos, nos sumergimos en el delicioso perfume del pan recién salido del horno de las panaderías del lugar. Blanco, integral, de cereales, de farro o centeno, cada cultura propone una variedad diferente, en la que se mezclan historia y antiguas recetas.

"La harina de avena y centeno, que resisten bien a los climas fríos, son las tradicionales del pan del norte de Europa, desde Escocia hasta Suecia; mientras que el Sur del Mediterráneo aviva los sentidos con el pan aromatizado con hierbas y las tortillas de harina."

Historia del pan

Los orígenes del pan se pierden en la noche de los tiempos, cuando se descubre como unir el agua y la harina obtenida de moler los granos de cereales entre dos piedras. Desde el Neolítico hasta nuestros días, preparaciones cada vez más refinadas y complejas han escrito la larga historia de la panificación. En el antiguo Egipto el pan era el alimento principal de la dieta diaria y durante siglos se utilizó también como moneda. Amasado junto a las olivas o la cebolla, famosa por sus propiedades curativas, se cocía en el tradicional horno de leña y se transformaba en bollos, panecillos o en una masa delgada, como el panis testicius, que comían los legionarios en los campamentos romanos y que difiere poco de la “piadina romagnola”, un clásico pan delgadísimo a base de harina y manteca de cerdo.

Panes del mundo

En Marruecos se degusta el batbout, un pan delgado que se cuece en una sartén y se acompaña de carne picada, o mantequilla y miel, en su versión dulce. En Grecia es irresistible el pan de pita, de forma plana y redonda, ideal para preparar el famoso gyros o el kebab. La harina de avena y centeno, que resisten bien a los climas fríos, son las tradicionales del pan del norte de Europa, desde Escocia hasta Suecia; mientras que el Sur del Mediterráneo aviva los sentidos con el pan aromatizado con hierbas y las tortillas de harina,un pan plano y delgado de orígenes muy antiguos que se prepara con harina, agua y una pizca de sal y es popular en España y Portugal. En Italia, es imprescindible probar el exquisito “pane cafone” napolitano, pan de origen campesino de sémola de trigo duro molida dos veces con una corteza gruesa, o la “ciabatta”, así como los panecillos de olivas o de tomates secos preparados según la tradición mediterránea.

Aroma de… bondad

Según un equipo de investigación de la Universidad de Bretaña del sur, en Francia, el perfume del pan tiene efectos sobre la salud mental. ¿Aromaterapia en la cocina? De los textos se deduce que el olor del pan fresco estimula el altruismo y ayuda a despertar los sentimientos de bondad. Déjate inspirar y redescubre el placer de las pequeñas cosas: preparado a mano en tu cocina o descubierto durante un viaje a un país desconocido, despertará los recuerdos más dulces, gracias al aroma del buen humor.

En los barcos Costa

Este producto imprescindible de la cultura italiana, se prepara directamente a bordo en los barcos Costa, gracias a la maestría de un equipo de panaderos y a las materias primeras de calidad. Horneado tres veces al día, la fragancia del pan fresco, de los bastoncillos de pan y de los bollos hace del momento de las comidas un encuentro con el gusto y la tradición. Se utilizan muchas harinas diferentes como el centeno, el farro y el maíz, así como otros cereales y semillas, además de ingredientes típicos del Mediterráneo como el pesto de Liguria. Sin olvidar al gran protagonista a bordo, la levadura madre: una levadura natural que da al pan un sabor tradicional y genuino y prevé unos cuidados especiales de verdad. Todo empieza con el agua y la harina; sabiamente conservadas, las colonias de levadura madre se refrescan cada día y se trabajan para dar inicio a las exquisiteces con que deleitarse durante todo el día.

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