Aunque parece que el street food sea algo moderno, la comida en la calle ya existía en la antigua Alejandría, donde los peces recién pescados se freían y se comían al momento. Hoy en día la comida en la calle nos habla no solo de un universo de sabores, sino del alma de una ciudad con sus costumbres, sus tradiciones y sus mercados. El sabor será justamente la clave para descubrir Palermo, reina de la comida callejera entre clásicos de siempre y tentempiés imprescindibles. Y una de las delicias que hacen resplandecer esta perla siciliana, Patrimonio Unesco desde 2015, son sin duda sus dulces. Empecemos pues este viaje gastronómico.
La comida callejera hunde sus raíces en el pasado, ya en la antigua Alejandría de Egipto se hacía fritura de pescado al momento. Y hoy en día, habla de las tradiciones de una ciudad.

El mercado de Ballarò debe ser el lugar de los primeros bocados

Para hacerse una idea de la comida callejera hay que empezar por el mercado de Ballarò. Muy antiguo, pintoresco, lleno de colores y abierto todos los días. Entre sus puestos se mezclan perfumes y olores únicos y en los días festivos se convierte en un mercado de pulgas. Aquí hay que probar las “panelle”, que son tortitas de harina de garbanzos, y también las “sarde a beccafico”, sardinas enrolladas con un relleno de piñones y pan rallado.

Las “arancine” y el “sfincione”

A diferencia de los de Catania (“arancini”), las “arancine” de arroz de Palermo se nombran en femenino, y son una exquisitez. Esta famosa comida callejera nació a partir de una tradición árabe: se hacían bolas de arroz en la palma de la mano y se condimentaban con carne de cordero. Actualmente las hay de muchos gustos, pero las originales son las de carne, con mozzarella, jamón y bechamel.  Y si lo que nos apetece es matar el gusanillo mientras estamos, por ejemplo, en la playa, entre una pizza y una foccaccia tenemos el “sfincione”. Lleva cebolla y queso “caciocavallo”, pan rallado y “strattu” (conserva de tomate secado al sol).

“Pani câ meusa” y los dulces

El “pani câ meusa” es una comida callejera peculiar, se trata de un delicioso tentempié, ideal después de un día lleno de visitas culturales por la ciudad. Es un mullido panecillo con sésamo relleno de bazo de cordero frito en manteca de cerdo; se puede aliñar con limón y pimienta o con queso “caciocavallo” y “ricotta” (requesón). Y para culminar el día (o empezarlo de la mejor manera posible) no pueden faltar los dulces: la tarta “cassata”, los canutillos “cannoli”, la “granita” (una especie de helado sin leche) y el tradicional bollo con helado, tal vez en una de las pastelerías del centro.

La variedad de Palermo es sorprendente; no solo ofrece delicias sabrosas, sino la maravillosa Mondello, la playa chic de los palermitanos, con su arena fina y un mar cristalino.  La ciudad regala muchos tesoros arquitectónicos, empezando por la catedral, testigo de una historia milenaria y emblema de la devoción popular con la tumba de Santa Rosalía, la patrona de Palermo.

Preparaos para vivir una ciudad que complace todos los gustos y deja un recuerdo único que compartir.