Entre las provincias piemontesas de Cúneo y Asti se extiende una tierra cubierta de viñedos, repleta de historia y generosa de excelencias gastronómicas. Se trata de las Langhe, cuyo paisaje vitivinícolo se ha incluido (junto con los cercanos Roero y Monferrato) en el Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El otoño es el momento mejor para visitar esta zona y disfrutar de sus exquisiteces. Es la temporada de la preciosa trufa blanca y el clima cambiante aumenta el placer de un vaso de buen vino.

"Debido a sus extraordinarias cualidades organolépticas, es muy apreciada tanto en la gastronomía regional como en la alta cocina internacional, al punto que llega a costar más de tres mil euros al kilo."

Vinos nobles

Langhe y vino: una combinación que dura desde hace siglos. El vino aquí es una cuestión de cultura, tradición y estilo de vida, que se expresan en una producción amplia y de calidad, que incluye entre otros Dolcetto, Barbera, Nebbiolo y Dogliani. Y por encima de todos, dos principios de la producción italiana: Barolo y Barbaresco, ambos producidos exclusivamente con uva Nebbiolo de primera calidad. Son vinos nobles, que se caracterizan por un intenso color granate, bouquet con un contenido elevado de sabor pleno y armónico; perfectos para envejecimientos largos, dan lo mejor de sí tras años de descanso en botella. Se pueden descubrir de dos formas distintas: aventurarse entre los viñedos para descubrir las numerosas bodegas grandes y pequeñas que llenan las colinas, siguiendo por ejemplo el itinerario marcado por la “Via del Barolo y grandes vinos de Langa”. O bien aprovechar de las dos enotecas regionales que se encuentran precisamente en los pueblos de Barolo y Barbaresco (en la provincia de Cúneo), donde es posible degustar y comprar una amplia selección de etiquetas, producidas por más de un centenar de empresas del territorio.

La trufa blanca

Pero en la tierra generosa que cubre las colinas de las Langhe (y de los adyacentes Roero y Monferrato) se esconde otro tesoro. Estamos hablando del Tuber magnatum, es decir, la trufa blanca, la variedad más rara y preciada del mundo. Debido a sus extraordinarias cualidades organolépticas, es muy apreciada tanto en la gastronomía regional como en la alta cocina internacional, al punto que llega a costar más de tres mil euros al kilo, según las cotizaciones anuales y el tamaño de cada hongo. Como cada año (y desde hace ya más de ocho décadas), del 8 de octubre al 27 de noviembre se celebra, precisamente en Alba, la Feria Internacional de la Trufa Blanca. El evento principal es el Mercado, donde cada fin de semana es posible admirar, valorar y comprar las trufas frescas, acabadas de recoger; en el área degustación se prueban los platos de la tradición acompañados con vinos seleccionados. Junto con la Feria se organiza un amplio calendario de citas gourmet con chefs de prestigio, recreaciones históricas, muestras artísticas y excursiones.

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