El itinerario veraniego hacia las capitales nórdicas os reserva una golosa y única ocasión: la de vivir las noches blancas de San Petersburgo, que han “iluminado” a los grandes artistas con el espectáculo del sol de medianoche que nunca se apaga. ¿La mejor manera de explorar la ciudad de los zares por la noche? ¡Obviamente con el estómago lleno! Os damos algunas ideas para que descubráis la cocina rusa.

"Entrad en la Perspectiva Nevsky, la avenida más conocida de la ciudad, y sentaos en las mesas de uno de sus restaurantes de atmósfera bohemia."

Restaurantes y cafés con mucho ambiente

¿Acabáis de salir de vuestra visita al Museo del Hermitage o al Palacio de Invierno? Entonces, probablemente se acerca la hora de la cena: entrad en la Perspectiva Nevsky, la avenida más conocida de la ciudad, y sentaos a la mesa en uno de sus restaurantes de atmósfera bohemia para degustar una de las típicas sopas rusas. Las más famosas son el borsch (a base de remolacha y carne deshilachada, enriquecida con crema agria) y el šči (con col, acompañada de pan moreno); pero como es verano también podéis escoger una buena sopa fría como la okroska (con carne, cebolla, pepino y patatas y aderezada con cerveza). Acabaréis justo a tiempo de ir a ver un espectáculo de ópera o ballet, otra institución en las veladas de la “Venecia del norte”, tal vez en el conocido teatro Mikhailovsky, en un lateral de la Perspectiva. En cambio, si preferís la literatura, seguid los pasos de Dostoyevski hasta las riberas del canal Griboedov, donde está ambientado el célebre Crimen y castigo: aquí, con la maravillosa Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada al fondo, acomodaos en la terraza de algún restaurante y disfrutad de un filete de ternera a la Stroganoff, aderezado con una salsa a base de crema agria, cebolla y setas, o una ración de pelmeni, los tortellini rusos rellenos de carne.

Comida callejera apetitosa

¿La velada cálida y luminosa os da ganas de pasear? Vuestro destino es la ribera del Nevá, para admirar la escenográfica apertura en sucesión de sus puentes, un espectáculo que no olvidaréis. Obviamente, debéis estar atentos y encontraros en el lado adecuado o tendréis que esperar hasta la mañana siguiente para atravesar el río. Parad en un puesto callejero para probar los típicos bliny, milhojas rellenos de mermelada, jamón, crema agria o caviar rojo y negro; o los chebureki, empanadillas fritas rellenas de queso y hierbas aromáticas o carne de cordero. Acompañadlos con una kvas, la cerveza ligera obtenida de la fermentación del pan negro, o con un típico vodka. Y si todavía os queda espacio para algo dulce, es el momento de la vatrushka, un bollo relleno de requesón, leche condensada, mermelada o fruta. ¡Hay para todos los gustos!