Fruta veraniega entre los más blandos y delicados, el albaricoque es muy popular en todo el mundo por su dulzura. Pero quizá no todos saben que esta pequeña fruta anaranjada, con una sabrosa pulpa carnosa, tiene muchas propiedades beneficiosas para el organismo. Desde la presencia de antioxidantes con un contenido elevado de fibras, útil para favorecer la pérdida de peso, los albaricoques son una panacea para la salud. A continuación algunas informaciones sobre esta delicia del verano.

"Los albaricoques son además amigos de las dietas puesto que su bajo contenido en azúcares hace que sean adecuados para una merienda sana e hipocalórica."

Una fruta que viene de lejos

Los albaricoques, originarios de China donde se cultivaban hace ya tres mil años, pertenecen a la misma familia de los melocotones y las cerezas (Rosacee). Existen diversas variedades y casi todas se recolectan entre finales de mayo y agosto. Actualmente, la mayor productora de estas pequeñas frutas veraniegas es la provincia turca de Malatya, en la Anatolia oriental: a finales de junio, los albaricoques (kayisi) se recolectan y se envían por todo el mundo. Pero primero una parte de la recolección se hace secar sobre los techos de las casas y se utiliza para preparar deliciosas especialidades como el cordero con albaricoques secos. En Italia, el primer productor europeo de esta fruta, los mejores albaricoques se producen en el Apenino Emiliano y en la región vesuviana en Campania, lugares donde un microclima especial favorece su cultivo. En Francia, que se sitúa justo detrás de Italia en la clasificación, son famosos los albaricoques recolectados en las regiones de Roussillon, Languedoc-Provence y Rhône-Alpes.

Las propiedades beneficiosas

Con un contenido elevado de antioxidantes, fibras y minerales, los albaricoques son una fruta portentosa para el bienestar del cuerpo. Su pulpa perfumada contiene en efecto carotenoides, es decir, pigmentos orgánicos entre los que se encuentra el licopeno (un antioxidante con efectos preventivos contra el tumor de próstata), las vitaminas A, PP y C (útiles sobre todo por su efecto antioxidante contra los radicales libres) y diversos minerales. Entre estos, potasio, sodio, hierro, calcio y fósforo que ayudan a hacer del albaricoque un válido aliado contra la anemia. Por último, las fibras y el sorbitol favorecen la regularidad intestinal. Los albaricoques son además amigos de las dietas puesto que su bajo contenido en azúcares hace que sean adecuados para una merienda sana e hipocalórica. De esta fruta aterciopelada no se tira nada, incluso el hueso es un concentrado de sustancias beneficiosas para el organismo, porque de él se extrae un aceite especial que aporta brillo y tonifica la piel.

En la cocina

Aunque para disfrutar al máximo de las propiedades de los albaricoques lo mejor es comerlos frescos, existen muchas recetas que los utilizan incluso en la cocina. Además de las clásicas mermeladas y de los pasteles, los albaricoques pueden acompañar platos de carne blanca; por ejemplo, son un ingrediente base de la famosa Mostaza de Cremona. ¿Una idea apetitosa? El “risotto” de albaricoques y Roquefort. Tras preparar la base de sofrito para el arroz con una cebolleta y una cucharita de tomillo, añadir los albaricoques frescos (250 gramos) cortados a pedacitos. Después de tres minutos, añadir y hacer cocer el arroz (mejor Carnaroli, Arborio o Vialone Nano) añadiendo de forma progresiva el caldo. Cuando el “risotto” esté listo, añadir 100 gramos de Roquefort y dejar mantecar todo con el fuego apagado. Esta combinación especialmente satisfactoria de dulce y salado le sorprenderá.

Credits photo: Mondadori Portfolio/Age Fotostock