El final del verano no debe disuadir aquienes quieren vivir nuevas experiencias y estar al aire libre. El otoño trae consigo una gran cantidad de actividades que aprovechan la belleza de esta temporada: hemos elegido cuatro para vosotros.

"El cambio de color de las hojas (la llamada foliage) es un espectáculo que se puede admirar de diferentes maneras: una magia que se puede disfrutar durante un simple paseo por un parque de la ciudad, un paseo en bicicleta en un lago o durante una caminata de montaña."

A la caza de castañas

Ir a buscar castañas por el bosque es una de esas actividades alegres para hacer con amigos o en compañía de la familia. El momento óptimo para hacerlo es desde mediados de septiembre, cuando comienza la maduración, hasta diciembre, antes de que llegue un clima más frío. Se necesitan un par de botas, guantes para no pincharse y la tradicional cesta de mimbre para almacenar los frutos. Los erizos, que por lo general contienen tres castañas, no se deben sarrancar de los árboles: sólo se tienen que recoger las que han alcanzado la maduración y han caído espontáneamente a tierra. Una vez que se ha llenado la cesta solo queda dejar secar las castañas durante unos días y probarlas con sabrosas combinaciones: en la sopa junto con patatas y puerros, o hervidas en el risotto, o picadas en una mousse de mascarpone o, por último, en almíbar de ron.

Un baño en el heno

Es una práctica de rejuvenecimiento que deriva de la cultura rural. Después de un día agotador dedicado a trabajar en los campos, los agricultores solían descansar en las camas de heno, obteniendo beneficios físicos. La interpretación moderna de esta terapia está muy extendida, especialmente en los centros de bienestar en Alto Adige, en Italia: sumergirse en bañeras llenas de hierbas alpinas secas y maceradas en agua. El proceso de fermentación crea un efecto sauna que estimula la sudoración, creando una sensación de relajación de los músculos y favoreciendo la circulación de la sangre.

Participar en una vendimia

Quién quiera encontrar un sabor antiguo y moderno al mismo tiempo, puede utilizar el período comprendido entre finales de agosto y noviembre para experimentar en primera persona la experiencia de la vendimia, es decir, la cosecha de las uvas de vino. La industria del vino hace ya un amplio uso de la maquinaria, pero el método manual está todavía en boga para las uvas más preciadas: varias bodegas en Italia y Francia abren sus puertas a los aficionados y curiosos, dando la oportunidad de participar en el delicado proceso de selección de los racimos que se someterán a fermentación. Acompañados de vuestra familia o amigos podréis divertiros pisoteando la uva como se hacía tradicionalmente o dejaros guiar por el mundo del vino a través de las historias de los propietarios de las distintas bodegas.

No solo follaje

El cambio de color de las hojas (la llamada foliage) es un espectáculo que se puede admirar de diferentes maneras: una magia que se puede disfrutar durante un simple paseo por un parque de la ciudad, un paseo en bicicleta en un lago o durante una caminata de montaña. Lo ideal es encontrar un bosque de arces, cuyos colores varían del naranja al rojo, o plantas de gingko biloba, que en otoño tienen las hojas de color amarillo brillante. La Alta Selva Negra, en Alemania, ofrece a los niños y adultos la oportunidad de admirar los colores del otoño en toda su maravillosa grandeza. Las personas con talento y habilidad, pueden ir más allá y recoger las hojas para manualidades. Las hojas, endurecidas con agua y cola vinílica, se pueden utilizar para crear composiciones y enmarcarlas (pasatiempo perfecto para los niños); modelar objetos ornamentales para el hogar (por ejemplo, un platito o un centro de mesa) o hacer desodorantes domésticos (sólo hay que sumergir las hojas secas en cera perfumada).

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