Cuando el verano es sólo un recuerdo, desconectar de la rutina cotidiana y regalarse una escapada al mar es un tratamiento natural contra el malestar invernal. Diversos estudios demuestran que el “panorama azul” es capaz de aumentar el buen humor; el mar tiene siempre efectos beneficiosos y hace sentir más felices incluso en estos meses grises.

"Gracias a los rayos ultravioletas que estimulan la liberación de serotonina, el antidepresivo natural por excelencia, está demostrado científicamente que al sol nos sentimos enseguida más tranquilos. "

Antídoto contra el malestar

El invierno trae a menudo consigo una sensación de postración, que se agudiza en los meteoropáticos. Concederse unas vacaciones en el mar constituye un potente antídoto contra este malestar. Algunos estudios han demostrado que mirar un paisaje azul reduce el estrés y que el mar es capaz de activar las áreas del cerebro relacionadas con la positividad y la estabilidad emotiva. Existe además un motivo más concreto, porque incluso en los meses más fríos las aguas marinas no dejan de emitir a la atmósfera sustancias beneficiosas: yodo, calcio y cloruro de sodio crean un aerosol natural energizante y vigorizante.

Un encanto nuevo

Ir al mar en invierno adquiere también un profundo significado simbólico, relacionado con el descubrimiento de las cosas y el cambio de perspectiva. Si en verano, en efecto, las playas y las diversas localidades de la costa son más frecuentadas, durante los meses de invierno adquieren un encanto nuevo, relajante, que regala sensaciones de libertad. El silencio permite escuchar el romper de las olas, un sonido que relaja la mente como un mantra; los colores aparecen nítidos y los panoramas extensos y relajantes. De esta forma podemos entrar en contacto con una dimensión distinta y más íntima tanto de la naturaleza como de nosotros mismos.

Más luz y más felicidad

Cuando las jornadas se hacen más cortas, la sensación de depresión puede aumentar; esta es la razón de la importancia de regalarse algún día en el mar… Gracias a los rayos ultravioletas que estimulan la liberación de serotonina, el antidepresivo natural por excelencia, está demostrado científicamente que al sol nos sentimos enseguida más tranquilos. Al mismo tiempo, precisamente el sol activa la vitamina D, fundamental para la salud de los huesos y del sistema inmunitario. Es por ello que el conjunto de estos elementos transforma el “gran azul” en un ambiente beneficioso todo el año, no sólo en verano.

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