¡Llegan los primeros fríos y con ellos nace la temporada de los cítricos! Por contraste, en este periodo del año en el que la naturaleza descansa y se vuelve gris, el mundo de las plantas nos regala una explosión de color y sabor con limones, mandarinas, naranjas y pomelos. En la familia de las Rutacee, que incluye todos los cítricos, encontramos también los parientes estrechos de la mandarina, como por ejemplo el cedro y el pomelo. ¿Pero por qué la mandarina ha tenido más suerte que sus primos? Por su sabor, dulce pero no demasiado, fresco pero no intenso, además de por su olor que, como para todos los cítricos, es muy fácil de reconocer.

"Las mandarinas tienen mucha vitamina C, por ello en invierno son una auténtica panacea, consiguiendo contrarrestar de forma natural los achaques típicos de la temporada, en primer lugar, el resfriado. "

El Citrus reticulata: origen, difusión, variedades

No se tiene la certeza sobre el origen de esta fruta, pero se considera que se cultivó por primera vez en Oriente, más precisamente en China, y una vez llegado al Mediterráneo en el 1800, tomó también el nombre de su país natal. Puesto que los funcionarios del imperio chino recibían el nombre de “Mandarinos”, se reservó el mismo nombre a la fruta, debido a su origen, un nombre que se convirtió en su denominación oficial. ¿Cómo es el árbol de las mandarinas? Es un arbusto que mide entre 2 y 4 metros, según las variedades, con hojas pequeñas y muy perfumadas, capaz de producir hasta 600 frutas al año. Existen diversas variedades de esta fruta, aunque externamente parecen todas muy similares. La mandarina china, por ejemplo, es una variedad asiática de la que se puede comer incluso la piel, muy fina y comestible. Las mandarinas marroquíes, llamadas tangerinas, tienen la piel de un color naranja intenso, casi rojo, mientras las mandarinas cleopatra provienen de Italia y tienen semillas que se utilizan incluso con finalidades decorativas. Muchas variedades pero también muchos híbridos, muy conocidos y sabrosos: la mandaranja (híbrido entre una mandarina y una naranja), las clementinas (híbrido entre una mandarina y una mandaranja) y el mapo (híbrido entre un pomelo y una mandarina).

Las características organolépticas y las propiedades nutritivas

Las mandarinas tienen mucha vitamina C, por ello en invierno son una auténtica panacea, consiguiendo contrarrestar de forma natural los achaques típicos de la temporada, en primer lugar, el resfriado. Las mandarinas contienen también vitamina A y vitaminas del grupo B, magnesio, hierro y ácido fólico, calcio, potasio y fibras. Son muy fáciles de digerir y adecuadas para favorecer la digestión. Comer mandarinas ayuda a mejorar las funciones visuales, reduce el nivel de colesterol en la sangre y regula la presión arterial. Tienen asimismo una función general de refuerzo del sistema inmunitario, sobre todo en los niños, por ello se recomienda darse un buen atracón de ellas.

Los usos en cosmética (y no sólo) de las mandarinas

El aceite esencial de las mandarinas, que se obtiene de su piel, es un líquido amarillo oro que se utiliza en cosmética para tratar las estrías y para contrarrestar la celulitis, mientras en aromaterapia, se utiliza en difusión para regalar bienestar y buen humor. Son varios los motivos que convierten la mandarina en la esencia, por excelencia, de madres e hijos: es el más pequeño de su familia, tiene un sabor dulce y una consistencia tierna, posee un color alegre y un olor agradable y fácil de reconocer. En efecto, en aromaterapia el aceite esencial de la mandarina se utiliza para curar los trastornos nerviosos de los niños. En cambio, en los adultos ejerce al mismo tiempo una función euforizante y calmante. Con las pieles secas de las mandarinas se pueden realizar objetos ornamentales o el popurrí: es suficiente conservar las mejores, dejarlas secar y rociarlas con laca para cabellos para que queden rígidas y brillantes, luego unirlas con otras flores secas para crear una perfumada decoración para la casa y los ambientes.

Receta del licor de mandarina

El mandarinetto es el licor que se obtiene de la fruta del mandarino. Se bebe al final de la comida, como digestivo aromático y dulzón. Esta es la receta para preparar medio litro de licor. Ingredientes: 250 ml de agua, 250 g de azúcar, 5 mandarinas, 250 ml de alcohol puro. Pelar las mandarinas eliminando también la parte blanca, colocar la pulpa a macerar en una jarra de vidrio, repleta de alcohol. Dejar descansar en un lugar oscuro y seco durante diez días. Pasado este tiempo, verter el líquido en una olla con agua, añadir a fuego lento y en pequeñas cantidades el azúcar, hasta que no se haya disuelto completamente. Apagar el fuego y dejar enfriar. Filtrar el líquido varias veces, evitando cualquier tipo de grumo y residuo. Embotellar, agitar bien el mandarinetto y conservarlo en el congelador durante por lo menos una semana, antes de poderlo degustar.

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